Una amplia zona del Sureste provincial, entre los límites naturales del Andévalo y la Tierra Llana, vivió una historia común, bajo la denominación genérica de Campo de Tejada. Éste comprendió, esencialmente, los territorios de los municipios de Paterna, Escacena y Castilleja del Campo.

Sus restos más importantes son los de la ciudad de Tejada la Vieja que fue un importante centro comercial y metalúrgico tartésico (hoy de Escacena del Campo), durante los siglos X-VII a. C. Después de una etapa de florecimiento, comenzó la decadencia a partir del siglo VI a. C. De esta forma, el Campo de Tejada se hace cada vez más agrario y menos minero. Tejada la Nueva, entre los límites de Paterna y Escacena, en el siglo IV a. C., es ya un núcleo eminentemente rural.

El dominio romano caracteriza la economía agraria de la zona. Tejada la Nueva se conoce ahora con el nombre de Itucci, y las tierras del término de Paterna empiezan a cobrar entidad. Desde la “Fuente del Alpízar” se llevaba agua a Itálica, a través de un soberbio acueducto. El nombre de la aldea de Tujena, deriva de Tulius, y la propia etimología de Paterna tiene su origen en la palabra Pater, en alusión a una quinta o villa de algún senador o Pater Patriae.

Los datos del periodo musulmán tampoco son abundantes, pero se sabe que, aun después de la conquista de Sevilla, en 1253 existía “el rey moro de Tejada”. Además esta época ha dejado como testimonio el Castillo del Alpízar, de factura almohade, pero que presumiblemente fuera construido sobre una villa rústica romana.

En estos largos años, Paterna se afianzó como asentamiento y poseyó una gran mezquita. La conquista se produce por el rey sabio cuando toma el Castillo del Alpízar, que servía de límite entre el reino iliplense y la taifa de Tejada. En 1291 Paterna consiguió el título de villa de manos del rey Sancho IV, adquiriendo identidad y personalidad jurídica.

Sin embargo, la nueva situación no debió ser favorable para la zona, ya que, a pesar del esfuerzo repoblador, no experimenta avances demográficos notables. A fines del siglo XVI parece que la situación mejora debido a la solvencia económica y productividad de pequeños propietarios que cultivan la vid, trigo y olivo. Esta situación económica continúa sin grandes altibajos hasta el siglo XVIII.

El siglo XIX transcurre entre la atonía y el estancamiento demográfico. Con la pesada carga de la ruralidad, Paterna se mueve, a finales del siglo XIX y principios del XX, a ritmos forzados por una demanda de alimentos en alza y la explotación de minas de piritas de hierro. Así, se consigue mantener e incluso incrementar sus habitantes hasta 1960. A partir de esta fecha, la mecanización del campo, el éxodo rural, la crisis minera y la emigración hacia el extranjero distorsionaron su trayectoria demográfica e hicieron entrar al municipio en un periodo de crisis. Sólo a partir de 1991 se aprecian signos de reactivación económica y demográfica.

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